domingo, 10 de octubre de 2010

A vos no te puedo mentir (siempre te das cuenta)

Cuando el pasado viernes desperté en mi cama, tenia 4 años de nuevo y le rogaba a mi madre que me dejara dormir 5 interminables minutos mas. Al cumplirse el periodo de alargue matinal, esos pocos minutos me transportaron 24 años al futuro. Era la misma sensación que experimentaba en mi niñez. Así como no quería ir a salita amarilla, esa mañana tampoco quería ir a trabajar. E hice exactamente lo mismo que hacia cuando niño: Mentí. Invente una enfermedad y me salí con la mía.

Fui un poco mas extremo esta vez, las madres saben entender (menos veces de las que nos gustaría), pero los médicos laborales son un tanto mas duros y menos cariñosos. Nada que un poco de jabón en el ojo no solucione. Las falsas conjuntivitis, al igual que las reales, valen 5 días de inactividad laboral. No me juzguen, son 2 minutos de ardor por 7200 de libertad.

Con todo el día por delante, no se me ocurrió mejor idea que sorprender a Liduvina con un desayuno opulento. Nada de tostadas, ni panqueques, ni huevos estrellados. Puse la marcha peronista y amase tortafritas. No vamos a revelar la receta por el simple hecho de que no queremos que se nos muera ningún lector. Empece a sospechar que la cosa venia mal cuando la masa tomo un extraño color amarillo plastilina. Y ni hablar cuando comencé la cocción. El resultado final es difícil de explicar. Alguna vez agarraron una tapa de empanada, le pusieron plasticola adentro y la frieron? Bueno, mas o menos así. Incomible. Ni Mc Gyver le encontraría utilidad a tamaña bazofia. Hasta el tacho de basura pareció ofenderse cuando recibió la totalidad de las mismas. En fin, terminamos comiendo salchichas con pure. Triste.

Con todo el fin de semana por delante, debia tener mi revancha. Aprovechando que Lidu me despertó temprano para luego seguir durmiendo, me levante con la idea fija: Tortafritas. Fui al buen super chino que todos tenemos a la vuelta en busca de harina. Y ahí fue cuando me tope con la premezcla blancaflor. Bendita la negrita que me saludaba desde el paquete, bendito polvo que al tomar contacto con el agua formo una masa uniforme, y benditas tortafritas calientes, deliciosas, supremas y exquisitas que se dieron como resultado final.

Me haría un tatuaje de esa negrita

Desperté a Liduvina una vez mas, esta vez con la prueba en la mano de mi triunfo culinario. La testeo, saboreo y aprobó, para luego decir:

- Compraste la mezcla, no?

Mi intención nunca fue mentirte mi amor, pero si podía ocultar la verdad, mejor. Pero como reza el titulo del post, a vos no te puedo mentir....siempre te das cuenta.


Charla de recién:
Carra: ya hice el post
Lidu: el que?
C: El post
L: Que??
C: EL POST!!
L: Ah, te había entendido el postre.
C: Ya te hice tortafritas! Que te pensas que soy, la cenicienta??

miércoles, 6 de octubre de 2010

A veces es mejor callar

Este ultimo año venia comiendo muy mal, sobre todo por que muchas veces salteaba el almuerzo. Y a un nutricionista decirle que no almorzas es como decirle a un cura que no crees en Dios. Así que en la busqueda de tapar ese bache alimenticio encontré un lugar en la calle donde puedo comprar comida casera, rica, variada y accesible. Y lo bueno no termina ahí:

La cueva es un local de comidas en el barrio porteño de Villa Pueyrredon (uno de mis favoritos). Sus paredes están adornadas por posters de bandas de rock nacional e internacional, copias de cuadros famosos con sus respectivas parodias, muchas frases celebres y pequeños pasajes de cuentos de Cortazar. Un autógrafo del Flaco Spinetta también asoma por algún lado. En el dvd suena siempre música que une auditivamente todo el paisaje.
El dueño, Julio, no desentona para nada con el lugar. Es una especie de Capusotto gastronómico, tira centros todo el tiempo que el mismo se encarga de rematar al ángulo, dejándonos los festejos a los clientes. Además, en el pizarroncito de la puerta no solo se detalla el menú, sino también una pequeña semblanza de la actualidad que el mismo se encarga de escribir día tras día. Es un comunicador social que vende empanadas, así de simple y complicado a la vez.


Da verdadero gusto poder hacerme un rato todos los mediodías y comer como Dios, Ala y Jehova mandan. Hoy, como todos los días, estaba rumbeando hacia el susodicho barrio. Hasta que un mensaje de Liduvina interrumpió la marcha: "Querés algo de comer o almorzás por ahí? El por ahí es en tono despectivo, por que la mejor comida esta acá, en casita"

No se esperaba que la llame y le de el visto bueno a su propuesta (ella ya tenia su almuerzo hecho). Entre risas me dijo "en serio querés que te cocine?". Y ya no había vuelta atrás. Ella remato la charla con un "si, yo también te amo la $%$& de la lora" Y cumplió, me hizo una comida deliciosa. Pero creo que no me van a llegar mas mensajes de ese estilo. Lidu sabe que a mi me gusta ir a comer a lo de Julio. Y también sabe que a veces...es mejor callar.